Cuestión de interpretaciones

Las paredes y los silencios están siempre llenos de recuerdos.

Camino mi casa en diálogo interno y lo confirmo. Los libros, las piedras, las grietas en la pintura, los mates de mi viejo, tres cuadros al óleo, algún pensamiento sencillo.
En un rincón, una declaración hermosa, de esas que inspiran en los días buenos e irritan en los días de malas nuevas me llena de rabia (hoy, con firmeza: sólo hoy).

“El futuro pertenece a los que creen en la belleza de sus sueños”.

No. El futuro no pertenece a los que creen en la belleza de sus sueños. El futuro pertenece a los que sobreviven, a los pudientes, a los que zafan de la muerte y la opresión, a los que nacieron donde tenían que nacer y conservan su salud y su suerte de siempre. Pertenece a los ventajistas, a los injustos, a los que extraen su bienestar de los demás, a los irrompibles, a los voraces, a los más fuertes. A los que nunca lidiaron con más suplicio del que creyeron que podían aguantar. A los que ya tienen todo y nunca pierden nada.
Pertenece a los que luchan, sí. Pero a los que luchan y ganan. A los que luchan y pierden no les pertenece más que su amargura.

El resto, los que creemos en la belleza de los sueños, los que no tenemos más respaldo que nuestra fe, hacemos lo que podemos. Para nosotros la belleza permanece presa de esos sueños y esos sueños permanecen siendo soñados, porque nada es nunca como realmente queremos. A nuestra vida siempre le falta una pata o dos y por eso la vivimos con cierta pasión, sorteando como podemos los gargajos de la desventura. Resignándonos cada tanto. Arrancando después.

Cualquier día toca la puerta un hidalgo gris y nos vamos a otro barrio, dejando impregnado en nuestra familia el aroma del dolor, y, como nunca nada nos perteneció, nada nos llevamos. Y todo sigue igual o parecido.

Aunque luchemos, aunque berreemos, aunque amemos y confiemos. Aunque escribamos nuestras tristezas como denuncias fervientes en las tardes que son sólo para llorar y esperar. Aunque el presente sí sea nuestro pero no sepamos qué carajo hacer con eso.

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