Crónica del día después de anoche

Casi de casualidad (todavía con los ojos cerrados), comienzo a sentir algo en mi interior que me impide continuar con lo que estaba haciendo. Establezco un pacto violento conmigo mismo y me propongo, ya sin otra alternativa, despertar. Hago el esfuerzo de mover cada una de mis extremidades con suma cautela, abro los ojos y dejo que un rayo de esa monstruosa luz alcance mi cara: el día llegó para quedarse (sólo un rato más).

Doy algunas volteretas, me paro frente al espejo y observo con detenimiento como aquel reflejo me recuerda a mí. Se proyecta en mi mente eso que hace algunas horas me entretuvo, sació mi sed y me regaló una borrachera, y me dirijo a un cuarto poblado por agua y azulejos para corregir mi imagen. Hago a un lado mi cabeza, pongo en su lugar un sombrero estilo Texas y salgo a la calle cabalgando una nave espacial. Me cruzo en ese paseo con figuras de la farándula que sonríen y saludan, hasta que uno de ellos me hace una invitación tan poco ortodoxa como irresistible, y comenzamos juntos una cacería indiscriminada de una especie de “árboles vivientes”. Doy de frente con el suelo y me alarmo: me había vuelto a quedar dormido, pudo haber sido muy peligroso.

Es el momento de saciar mis necesidades y lo hago con total calma. Empiezo a reconstruir el no tan lejano nocturno pasado y tanteo mi doliente encéfalo. Le pido al fin de semana que devuelva la parte de mi cerebro que se llevó (desde ya el muy traidor hace caso omiso y cae del cielo una jaqueca).

Acto seguido, emerge desde lo más profundo de mis entrañas un ácido incontenible y se hace presente en mi garganta. Inicio una intrépida carrera hacia el baño y (una vez más) fracaso: mi merienda, mi cena y algunos residuos de ayer disueltos en una espesa materia son despedidos por mi boca y decoran desagradablemente el parquee. Siento como un grupo de imaginarias aves de carroña mastica mi orgullo: alguien va a tener que limpiar, pero no me preocupa. La prioridad es ahora hidratarse.

Me veo débil físicamente pero mi espíritu está en alza y me doy el lujo de (aún con un ala rota) intentar trascender, porque en definitiva no me falta nada esencial.
Estoy en este momento, en un estado semi-alfa. Imágenes como rollos de película, palabras, ideas y dejos de sabor a efímera mujer me invaden y me obligan a creer que es el momento justo para explayarme en un papel vacío. Hago hincapié en la reciente auto-prohibición de parir textos sobre amores “Made in china” y comienzo a escribir: "Casi de casualidad (todavía con los ojos cerrados)…"

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