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Maldiciones

Los filamentos lacerantes del día trazando una reja diagonal en la pared a través de la persiana baja. Los ojos que se aprietan para no oír más la siempre voz de mujer que repite -pese a quien le pese-  cien veces lo mismo como un mantra de castigo. Pedazos de conversación indescifrados, frases sueltas que cruzan las sienes como tiros de gracia, y la lejanía de una música amorfa, que termina de rajar el sueño como a una tela gastada. Otra vez los hijos de puta del primero organizando un almuerzo. Domingo once de la mañana, a quién se le ocurre.

Pregunto

¿Para qué me avisás que te vas, en el preciso momento en que te estás yendo? Okey, recibo, pero no puedo cambiar nada. ¿Qué hago con tu nuevo significado?
Oigo el aviso, respiro con pausas y pongo lo que no había puesto hasta ahora. Desarrollo alguna acción torpe e inútil, puteo y repaso mis errores. Todos los aciertos que quedaron atrapados en mi imaginación.
Potencia del dolor: el tiempo de quietud es el exponente y tu partida la base.
Lamentos como mantras.  Era por abajo viejo, era por abajo.
Pero no puedo más que verte ir. Yo viendo, vos andando.  Implacable, real, simple.
Ahora a buscar una puerta abierta.

¡La de la izquierda! Dice el empleado de metrovías. Ahí voy.
Soy un byte pateando 9 de Julio a las once de la noche en busca de un bondi en dirección a Almagro.
Ojalá a algún pasajero se le caiga guita al lado mío y sólo lo vea yo.

Sexto

Llorarte es justo
si mañana es mejor.
Antes te lloraba todos los días,
te escribía a cada rato.
Es que acá
nada es gratis
y el amor no es la excepción.
A veces se paga así,
con lágrimas.

¿Quién les roba lo bailado
a los que saben andar?
No, la muerte no.
Ella hace su trabajo
y aunque se luzca
detiene, pero no borra.
Es mentira eso del liquid paper del tiempo.
Las vidas cambian,
frenan.
Pero no se borran.

Llorarte, hoy, es justo.
Antes te llorábamos todos los días.
Y es preferible estar triste
que estar vacío.

Teorema

Que el amor nos haga libres
la muerte poetas
y el absurdo revolucionarios.

Que la muerte nos haga revolucionarios
el absurdo libres
y el amor poetas
Que la muerte nos haga libres
el absurdo poetas
y el amor revolucionarios.

Que paguemos con gusto
el precio de los sueños.

No supiste hacer más

Algo te espantó:
no saber en qué parte del infierno
descansan los parias.

Juntaste frases sueltas como quien junta agua de lluvia,
y con todas las llaves que llevabas encima
fabricaste tu nueva jaula.
Las soldaste una a una
con tu propio desaliento.
Que iluso
creíste que así,
por lo menos,
no ibas a sentir el peso de los días.

Desdeñaste tus tres peores recuerdos
sólo con abrirlos y contarlos como algo menos perturbador.
Por miedo, te venciste con tono reflexivo
y masturbaste tus oídos
hasta que se te dieron vuelta los ojos.

No supiste esperar ni un segundo para pedir al
testaferro de tu verdugo
que devolviera lo que, decías,
había sido siempre tuyo.
Verdugo y sustituto rieron sin disimulo:
nunca nada te perteneció diminuto ser,
los esclavos no tienen derecho posesiones
y ser tu propio amo sin amarte
te vuelve automáticamente tu esclavo.

Esa es la suerte de los que disparan en dos ejércitos,
salen a ensanchar fronteras
pero vuelven con los bolsillos llenos de traiciones.
Y para la hora del knock out, 
sólo cuentan…

Pedido

Prestame el intervalo
que hay entre tu pie izquierdo pisando
y tu pie derecho levantándose
para sentir eso que hacés
cuando vas de un lado a otro
que se parece tanto a volar.

Prestame lo último que pensás 
antes de dormir
para conocer los dos precipicios:
lo que soñás, y lo que temés.
El lado oscuro de tu cerebro
sentado al pie de la montaña.

Prestame tu verdadera valentía:
bancarte las contradicciones.
Sin medias tintas, sin necesidad de conciliar,
sin los brazos cruzados.
Bancártelas y construir gracias a eso.

Y prestame, también,
el exacto momento 
en que se gesta tu discurso,
esa respiración que aletarga unos segundos 
la cascada de tu boca
y te detenés,
y se pueden ver ceros y unos
atravesando tus retinas.
La dulce matrix de tus palabras justas.

Pero, por favor, hacelo ahora. 

Antes que el desvencijamiento
que aguarda detrás de la sombra
al final del túnel
pase sobre nosotros y nos haga hilachas.
Ahora,
que nos persiguen por luchar,
por cantar en las calles, 
por respirar las flores,
y por gritar que dejen de mata…

Nota

De vez en cuando me digo: viejo, hace ya siete años que tu hermano se mudó a tu corazón. ¿Te acordás de ese dolor inflamable que te llevó a conmoverte hasta el fondo? ¿Te acordás del vigor que sentiste en la injusticia ajena, que es la propia?
 Poco después el papel se transformó en el lugar donde el Lobo se volvía hombre cada vez que llegaba un diluvio sobre tu alma y fueron procesos valiosos pero el tiempo rodó para que las cosas cambien. Hace realmente bastante que pasó ese tren que casi se lo llevó todo. Digo casi porque de este lado quedamos varios y la caminadora de la humanidad sigue prendida ¿Lo notaste? Hay amigos, hay amor, hay pequeños que llegan y viejos que se van, hay todavía injusticia aunque cierres los ojos, hay presente, hay memoria, hay futuro, hay oídos que precisan ser llenados, hay palabras que precisan ser leídas, hay bocetos que necesitan un motor y hay barcos que reclaman su tormenta. La tierra es un reloj que siguió latiendo. Contame, entonces, qué vas a dec…