No vas a tirar piedras contra mi ventana

No vas a tirar piedras contra mi ventana
ni vas a aparecer de sorpresa
en el cumpleaños de algún amigo en común.
Ni voy a cruzarte por las calles que sé que andás,
o escribirte un mensaje salvadora las 3 de la mañana.

Nada de esto sucederá

porque daban mate todas las jugadas
y las reglas fueron clarasen nuestro último face to face.
Nadie en el mundo se desconcertará
ni declararán asuetoporque vayamos a dejar de vernos.
De ninguna manera.

Si mientras hablo de estose achica la patria,
se recortan escuelas,
la policía gana los derechos que perdió la gente,
y los neoliberales venden hasta el Sol,
¿A quién le puede importar un adiós entre tantos otros?

Pero igualmente
es una buena oportunidad para recordar
que todas las penas son de amor
y también lo son todas las alegrías.
Un universo, entonces,regido por un combustible
que a veces se consigue abandonando trincheras.
El alivio primario
es saber que el amor está a pesar de los cuerpos
que encarnan todo su pesado significado.
El secundario es el silencio, poder hacer nuevamente.

Como poemas que nacen cuando el autor escribe su final,
hay historias que comienzan con cuervos susurrando
"fue un placer haberte conocido" detrás de la oreja,
y el sentido se construye desde ahí.

Pero, 
pese a lo terrible de los cuervos,
vale la pena el intento
y vale vivir cada día
aunque no se aprenda jamás
a hacerlo sin equivocarse.

Y vale también la calma del punto final,
porque más rápido de lo que imaginamos
seremos mutuos recuerdos.

Muñecos de plástico chino guardados en un cajón
que no volverán a cobrar vida jamás.
Rostros difusos tras el vidrio empañado del tiempo.

Y eso está bien.

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